Discurso pronunciado por el camarada Kim Jong Un en la sesión inaugural de la XV Conferencia Nacional de Maestros
Pyongyang, 3 de septiembre (ACNC) -- El estimado camarada
Su texto íntegro va como sigue:
Educadores que asisten a esta conferencia significativa con el inusitado orgullo y honor de forjar el futuro de nuestra patria:
En estos momentos atribuyo gran importancia a las actividades de este evento con unos sentimientos y una esperanza indudablemente distintos a los que abrigaba cuando se celebraban otras conferencias o cursillos sectoriales.
La educación es el supremo quehacer estatal que no podemos ni debemos colocar detrás de la labor de ningún otro sector. Esta es una verdad insospechable y un principio que mantenemos de manera invariable.
Me complace realmente aprovechar esta ocasión para volver a expresar de forma directa mi más sincero respeto a ustedes, los bienhechores, quienes contribuyen al crecimiento de los valiosos descendientes de la patria.
Con ustedes aquí bien cerquita, siento infinita gratitud por ustedes, pensando que por las manos de numerosos educadores como ustedes se forman hombres altamente calificados que son el orgullo de la patria y la inteligencia del pueblo, así como este país se embellece y se fortalece sin interrupción.
Maestros respetables:
Quizás el maestro es la única denominación equiparable con la madre, la más sagrada y preciosa del mundo.
Ambos son denominaciones más valiosas del mundo.
Si la madre nos da la vida, el maestro es nuestro benefactor que acicala y cultiva nuestra vida.
Los derechos de la madre no se los confiere nadie, pero el nombramiento del maestro es el título y el honor que se le otorgan por escoger por voluntad propia el oficio de cultivar y guiar con sinceridad las nuevas vidas de este territorio y cumplir con su cometido.
Ese llamamiento sagrado no se lo conserva nadie, sino que lo deben conservar los mismos maestros. Por tanto, cuando reparamos en los disímiles sucesos que guardan en el alma y en las innumerables noches que han pasado en vela en toda su carrera, inclino la cabeza con toda sinceridad y siento por ellos una gran admiración.
Se ocupan, además de la enseñanza de conocimientos y la instrucción moral, de cada detalle del estudio y la vida de los alumnos con diferentes inclinaciones, caracteres, gustos y ambiente familiar. Sus ocupaciones intensas e interminables son inmensurables como los esfuerzos de la madre para la crianza del hijo y nadie puede sustituirlos en esas tareas.
Son nuestros educadores quienes se entregan de lleno a sus discípulos dándoles el amor que deben dedicar a sus preciosos hijos, familias, padres y hermanos, garantizan con firmeza el futuro del país y lo consideran como su deber innato y su misión inherente. Por esa vida, dan el ejemplo del patriotismo más bello y noble en todos los rincones del país y son objeto de respeto de las multitudes.
Son atentos a las huellas que dejan sus discípulos en distintos puestos de trabajo y defensa. A veces, derraman lágrimas por la pérdida de algún ex alumno y este dolor les llega al alma. Por eso peinan canas y sus rostros se arrugan prematuramente, suscitando más respeto de los demás.
Cada uno de los héroes que dan su valiosa vida en acato a la orden de la patria y en defensa de su honor, cada uno de los intelectuales sobresalientes que dignifican a la Corea poderosa y grandiosa en su recorrido por el tortuoso camino de la investigación y cada uno de los patriotas honestos y beneméritos que con su honradez inalterable sostienen al país en fábricas, minas y granjas es, sin lugar a dudas, discípulo de un excelente maestro.
Lamentablemente, cuando un discípulo sube al podio de la gloria, no lo acompaña su maestro quien lo tiene en su regazo desde que era pequeño y lo guía con todo amor.
Son pocos quienes preguntan y saben quién es el maestro de ese discípulo y cuán grande ha sido su mérito.
El maestro todo lo da sin ningún interés y sin pedir nada a cambio. Por consiguiente, nunca se le ocurre considerar como suya una parte de la hazaña del discípulo ni tenerla para sí. El solo hecho de que él es su discípulo lo llena de júbilo y dignidad.
Son precisamente nuestros maestros los bienhechores quienes merecen la profunda reverencia de todos nosotros y los mejores de todos los patriotas a quienes debemos situar antes que a nadie sobre las plataformas de todas las glorias que enaltecemos con tanta emoción.
Tal es el verdadero aspecto de nuestros educadores a quienes todos debemos reconocer, recordar y venerar más que a nadie.
Aprovechando esta oportunidad, rindo mi más cordial tributo y agradecimiento a todos los educadores del país quienes han escogido por sí mismos el oficio más glorioso y difícil y continúan en su sagrada profesión con elevado sentido de responsabilidad y personalidad.
De igual forma, transmito mi efusivo agradecimiento y aliento a todos los educadores de la Asociación General de Coreanos en Japón quienes con su voluntad patriótica inalterable y lucha intransigente en tierras foráneas defienden los derechos de la enseñanza nacional y garantizan con firmeza el futuro de la sociedad de compatriotas y de la asociación.
Aprecio altamente a los colectivos e individuos ejemplares que ayudan con toda sinceridad y empeño el afianzamiento de la base educativa en total apoyo a la política del Partido sobre la enseñanza.
En estos momentos en el local de la conferencia se perciben los más sinceros deseos de su éxito que le envían todos los alumnos, los ex alumnos, sus padres y también todos los hogares del país que mantienen vínculos con los centros docentes.
Porque confiamos a ustedes la formación de nuestros amados hijos y son ustedes quienes forjan el mañana de nuestros descendientes que nunca dejarán de nacer y crecer.
Esta es la decimoquinta edición de la magna cita de maestros y pienso que ninguna otra fue celebrada con tanta dignidad y orgullo por los valiosos regalos de nuestros educadores a la patria y por sus éxitos que reconoce el pueblo entero.
En los actuales cambios sin precedentes en la construcción socialista, todos los sectores se han transformado y renovado. Y el sector educativo ha operado cambios sin parangón en todo su ámbito que abarca su sistema, estructura, contenido, métodos, condiciones, entornos y la atención y la asistencia sociales.
Los actuales cambios cualitativos que contrastan obviamente con los del pasado se han producido no en un espacio de diez o veinte años sino en apenas unos años, lo cual es ciertamente una gran revolución.
Los protagonistas que han puesto la enseñanza en la altura actual con el preludio de su transformación colosal para hacer de ella la más avanzada en la época actual de cara a la civilización son precisamente ustedes, los participantes en este cónclave, y los educadores de todo el país.
Han sido verdaderamente nobles y hermosos el entusiasmo patriótico, la lealtad a la misión histórica y los rasgos comunistas que han puesto de manifiesto nuestros educadores siguiendo la meta y el trayecto de la construcción de la potencia de enseñanza y de talentos presentados por el Partido del Trabajo de Corea.
Por ser la meta más ambiciosa que enfrentaban desde la fundación del Estado, unas veces nuestros educadores debían asumir tareas con las que no estaban familiarizadas y otras veces superar momentos difíciles y agotadores, pero allanaron el camino y llegaron al presente venciendo dificultades con el entusiasmo y la disposición a cumplirlas costase lo que costase.
Todos los que aquí están presentes deben de tener anécdotas inolvidables de aquellos días y estar tan orgullosos de ellas como para considerar el sufrimiento como felicidad y dignidad.
Son realmente preciosos los rasgos y las cualidades que han cultivado, así como las experiencias y lecciones que han adquirido, superando momentos difíciles y complicados, los cuales serán la sólida base de los éxitos de la revolución que prosigue.
Lo que más anima a nuestro Partido y patria es contar con un contingente de maestros revolucionarios que poseen el noble espíritu, alto nivel intelectual y firme confianza en sí mismos.
Compañeros:
La enseñanza es como un puente que a través del espíritu y el conocimiento conecta el pasado, el presente y el futuro del país y la nación.
En efecto, gracias a la invariable política de aprecio a la enseñanza y el superior sistema de enseñanza socialista escribimos una historia gloriosa, hacemos gala del prestigio y poderío nacionales como los de hoy y avanzamos vigorosamente hacia la mayor prosperidad y fortalecimiento.
Nuestra enseñanza ha formado y enaltecido a un colectivo poderoso, pertrechado con una ideología revolucionaria y un espíritu patriótico que no se debilitan con el paso del tiempo, y dotado de la noble moral y amplios conocimientos. Este testigo debe ser entregado con seguridad a las futuras generaciones.
El futuro de este país lo podemos confiar únicamente a quienes han asimilado la gran historia y tradición de la patria y el pueblo, alcanzan el alto nivel intelectual y la civilización que posee la humanidad, abrigan la ambición de fortalecer, engrandecer y enriquecer al país y cultivan la capacidad y el talento de hacerla realidad.
Hoy en día nuestra educación transita una etapa clave que requiere de gran responsabilidad.
Tras cumplir exitosamente el primer programa de la enseñanza obligatoria general de 12 años, hemos pasado al segundo programa. Y también la enseñanza superior ha entrado con seguridad en una fase de evolución distinta a la del pasado.
En la actualidad en que nuestra enseñanza cubre un nuevo camino, podemos alcanzar la altura que nos hemos propuesto, reaccionando con mayor sensibilidad en la construcción estatal, solo cuando se planifiquen con vistas al futuro y se cumplan cabalmente todas las labores relacionadas directamente con el desarrollo de la educación.
Los esfuerzos certeros para la educación son inversiones al futuro, el peldaño para el desarrollo ulterior y aseguran el logro de todos nuestros ideales.
Hasta ahora hemos trazado la meta y hemos sentado la base para ponernos entre los más adelantados en la enseñanza, pero desde ahora debemos perfilar claramente y con resultados evidentes la fisonomía de la enseñanza más avanzada y excelente y lograr éxitos infalibles en la revolución educacional de la nueva época a la que procedimos con decisión en aras del futuro de la patria y la revolución.
En este sentido, podemos afirmar que hemos convocado muy oportunamente esta conferencia que analizará y revisará el conjunto de las labores docentes y abordará los asuntos reales consagrados a promover el nuevo desarrollo cualitativo de la enseñanza.
Educadores:
Es el ideal y la voluntad de nuestro Partido hacer de la nuestra la enseñanza suprema que todos envidian y quieren recibir y la de talla mundial que propulsa la prosperidad de la patria.
El Partido y el Estado han encargado a ustedes, nuestros maestros, un quehacer importante que decide el futuro del país.
Los educadores son diseñadores y ejecutores del ambicioso proyecto del Estado y la revolución, y protagonistas de la revolución educacional.
Cuando sean fieles a sus deberes con la conciencia de que el plan de cada lección y cada minuto y segundo de la clase iluminan el futuro como el faro y abonan el bosque frondoso de talentos, la revolución educativa de la nueva época avanzará cada día con mayor vigor.
Las notas de los alumnos se las da el maestro, pero las notas de este se definen por las huellas que imprimen sus discípulos.
Los pedagogos deben ser jardineros que forman a las jóvenes generaciones como dignas trabajadoras de la futura patria valiéndose de sus nobles rasgos que perdurarán como manual de la vida auténtica y de su autoridad académica que infunde el sincero respeto y simpatía de todos los estudiantes.
Es distinto el tamaño de cada escuela y el número de sus alumnos, pero quienes se formarán en todos nuestros centros docentes deben ser fieles y hermosos, sin ninguna excepción, convirtiéndose así en pilares del país y el orgullo de la familia.
Si los educadores atienden y guían a todos los alumnos con el amor de la madre quien cuida con más devoción y empeño al hijo imperfecto que al perfecto, entonces podemos despreocuparnos de nuestro futuro.
Compañeros:
No se puede calcular con el dinero el valor de la enseñanza, terreno en que se cultivan los primerísimos recursos del país y motor del desarrollo estatal.
Vuelvo a ratificar que la docencia es el más importante de los quehaceres estatales y debemos enaltecer antes que nadie a los educadores.
Son muchísimos los trabajos que se despliegan en amplias extensiones y las tareas que requieren de colosales esfuerzos, pero nuestro Partido y Estado propiciarán el avance de la educación sin escatimar esfuerzos y devociones y sostendrán los planteles que defienden los maestros.
El entusiasmo que desborda en este local y el temperamento de ustedes me arma de un valor y energía inusitados para impulsar la sagrada obra de la revolución educativa.
Gracias a los hombres fidedignos como ustedes que se encargan de nuestra educación, esta perdurará como cuna de la dignidad y el poderío del país y como caldo de cultivo de nuestro futuro florecimiento y civilización.
Una vez más encomiendo a todos nuestros educadores ser prestos para la sagrada misión y llamamiento, como objeto del infinito respeto y amor de todo el pueblo.
Convencido de que la presente conferencia logrará éxitos resonantes tal como desea fervientemente todo el pueblo, declaro inaugurada la XV Conferencia Nacional de Maestros. -0-